Introspección Nazarena

Hacía más de 20 años que no me vestía de nazarena. Este Martes Santo lo hacía consciente, con expectativas y mucha ilusión renovada. Por la mañana tenía los ojos en el cielo y la mirada en una túnica azul cielo- celeste mar. Túnica en honor a Ella. Rosario mediterránea de belleza serena.

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Después de los prolegómenos propios del inicio, la procesión empezó. La complicidad entre mi fila de nazarenos de vela se hizo al minuto. No importaba ni la edad, ni el sexo, éramos un grupo de personas ,que posiblemente con diversas motivaciones, salíamos al unísonos de emociones compartidas.

Hacía delante, una mirada panóptica y un Cristo de la Sentencia, con túnica burdeos lisa, austera, humilde, como corresponde a los signos de los tiempos, la cual , cada centímetro de tela representaba a los desfavorecidos, a los más vulnerables, a todas las personas que necesitan un aliento de ánimo para enfrentarse a las dificultades del día a día.

Hacía atrás, en cada parada, una mirada a Ella, trasportada en un trono coral de hombres y mujeres, solemne, ceremoniosa, pasito a pasito, majestuosa, mecida elegante. Señorío sin estridencia. Poesía y prosa en movimiento. Gran catequesis de fé.

El año que viene volverá a producirse el milagro. Pero ¿sabéis una cosa? si este Martes Santo no hubiéramos salido no hubiera pasado nada. Cada día es semana santa, cada día los hombres y mujeres de Sentencia, asumen los que es estación de penitencia, hermandad, solidaridad, cada día hay una sonrisa a quien se acerca y una palabra de aliento para el que decae. Porque ser de Sentencia no es ser de una cofradía sin más es una actitud ante la vida.

Trinidad López Espigares

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