Tiempo de silencio

"El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor.
El fruto del amor es el servicio. Y el fruto del servicio es la paz.".
Teresa de Calcuta

ENIETO TRIDUOYDIAVIRGEN 2010 20Tradicionalmente a mayo le conocemos como el mes de la Cruz y de María. Convergencia perfecta para los católicos. La cruz, después del Domingo de Resurrección, pierde su sentido trágico y se trasforma en signo de triunfo y gloria. Símbolo de amor, de fidelidad y de fe. Por este motivo, por el valor teológico de la Cruz, como revelación y como redención es el eje vertebrador de nuestra vida como creyente y el vehículo de comunicación la oración.

A María, la tenemos siempre, como Madre y amiga. Fiel intercesora, cercana y mediadora. Sin Ella todo hubiera sido imposible. Ella está indisolublemente asociada al Hijo en toda la historia de la salvación. A ella podemos acudir cuando queremos orar, como decía San Ignacio de Loyola, María…”Ponme con tu hijo”

Teniendo como guía la premisa anterior, y como marco el año de la fe, debemos de recordar que una de las prioridades del presente curso pastoral, es “Potenciar el conocimiento de la Palabra de Dios y la lectura orante de la misma”. Por lo tanto es un motivo perfecto para redescubrir la oración, el silencio con eco, con voz profunda, a través de la Lectio Divina por ejemplo, en nuestra parroquia, en familia o incluso a través de las nuevas tecnologías.

Es curioso, que en el mundo actual, en el que imperan las prisas , algunas personas pagan por el silencio acudiendo hacer yoga o meditación e incluso en países donde el laicismo se impone se construyen espacios para acallar la voz , como en el barrio de Kemmpis en Finlandia , en el cual se ha construido la llamada “capilla del silencio” con objeto de encontrar la paz y el sosiego, los cristianos, tenemos la suerte de tener la oración, donde el silencio adquiere significado de incomparable valor y… gratis. En nuestras iglesias, en cualquier momento de nuestra vida cotidiana, cuando hacemos cada año nuestra estación de penitencia, en múltiples momentos podemos acudir a la oración, como forma de dar gracias, pedir o como oí una vez hacer sentido de comunidad cristiana, ya que aunque no nos conozcamos cuando rezamos nos mantenemos unidos de forma invisible fortaleciéndonos unos a otros en nuestras vicisitudes cotidianas.

El orgullo de ser de la Sentencia. Una fe inagotable en la Cruz, en nuestro Cristo de la Sentencia y el aliento, cuando nos falta las fuerzas, en María, nuestra Virgen del Rosario, deben de ser la luz, la torre vigía que oriente nuestras vidas.

Trinidad López Espigares
Hermana de la Sentencia

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