María Santísima del Rosario

 


La primitiva imagen de la Señora era obra del círculo de los escultores malagueños Gutiérrez de León, probablemente de Salvador (1777-1838),  fue concebida como Inmaculada Concepción y de ello existen referencias gráficas en las que aparece en el altar doméstico de la familia Romero de la Bandera, la Virgen era imagen de talla completa. La expresión de su rostro destacaba por la actitud orante, mirando hacia el cielo y con las manos unidas como es habitual en ese tipo de advocaciones.

Acabada la Guerra Civil, la Hermandad se propuso conseguir una imagen de la Virgen que acompañara al Señor de la Sentencia en procesión, para ello se puso en contacto con Emilia Villegas, viuda de Romero de la Bandera, propietaria de la escultura, para adquirirla. Sin embargo doña Emilia la cedió a la Hermandad.

La Señora a partir de ese año sufriría una serie de  procesos de transformación para adecuarla a imagen dolorosa.  El encargado de adaptar la imagen a los cánones pasionistas fue el escultor malagueño Antonio Nadales.

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La primera salida por las calles de la ciudad tuvo lugar en Rosario de la Aurora en octubre de 1938, no siendo hasta la semana santa de 1940 cuando la Señora procesionó por el recorrido oficial el Martes Santo en un pequeño trono adornado con profusión de flores y cera, sus primeros hombres de trono fueron alféreces provisionales, que en absoluto silencio la llevaron en esta señalada ocasión.

En 1973, el escultor local José García Rodríguez realizó una nueva restauración. En esta ocasión varió el aspecto de la Señora, ya que se sustituyeron los ojos originales, pintados en el siglo XIX sobre cáscara de huevo, por otros de cristal. Su actuación supuso la adecuación de la imagen a los cánones pasionistas.

En un momento histórico en el que muchas hermandades optaron por cambiar sus primitivas imágenes, la Sentencia deseó mantener la primitiva imagen, aunque realizando una intervención que a juicio de Agustín Clavijo "no cabe duda de que la Virgen del Rosario es más dolorosa... sin embargo, es una de las obras menos auténtica dentro de la producción de Gutiérrez de León". En la revista Sentencia 2000, el historiador del arte, Alberto Huertas, concluye que esta restauración fue "de una envergadura tan considerable como acientífica" y que "definitivamente se perdieron los rasgos estilísticos que definían a la imagen".

En 1991, José Ortiz trató de restaurar la imagen de María Santísima del Rosario en sus Misterios Dolorosos intentando mitigar los efectos de la reforma anterior. Este malagueño realizó una limpieza y nueva recomposición de la escultura.

En 2003, la hermandad, tras muchos años de debate, encargó una nueva restauración, que solucionase todas las deficiencias técnicas que presentaba la estructura de la imagen, así como resolviera las poco afortunadas y excesivas intervenciones sobre la mascarilla de la Señora. El encargado de la restauración, y responsable de la actual fisonomía de la Virgen, fue el escultor Antonio José Dubé de Luque, cuya prolija obra no deja duda de que se trata de uno de los artistas con más aceptación por parte de los cofrades en la segunda mitad del siglo XX y principios del actual.

Así, su intervención se centró en eliminar añadidos sobre la madera, policromías posteriores a la original y renovación de los postizos. Además, el ebanista Francisco Bailac fue el encargado de realizar toda nueva carpintería, así como las articulaciones de la imagen. Esta restauración supuso el fin de una serie de restauraciones poco acertadas, dejándonos en la actualidad una imagen que no esconde su pasado glorioso, pero que cumple a la perfección como dolorosa. 

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